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Si
nos encontramos en Graus o Barbastro, deberíamos acercarnos al Santuario
de Torreciudad.
Si nos hallamos en la primera población
y abandonamos la N-123 (carretera por la que circulamos), podremos visitar
La Puebla de Castro: bonita población de calles estrechas y típicos parajes
que, parecen dirigirse con marcada fe, a la plaza donde se encuentra la
robusta y renacentista iglesia de Santa Bárbara. La edificación tiene
forma de cruz latina, su planta está cubierta con bóveda de crucería y
cúpula decorada con motivos geométricos. En
su interior se conserva un retablo gótico representando escenas de la
vida de San Román. En el acceso al coro se observan diferentes inscripciones
romanas procedentes del yacimiento, enclavado en el cercano cerro del
Calvario, de Labitolosa. En la actualidad, el yacimiento parece compensar
con hallazgos importantes el esfuerzo de los animosos arqueólogos que
trabajan en él. Saliendo de la población, un desvío señalizado nos permitirá
circular por una senda sin asfaltar que nos llevará a la iglesia de San
Román: originaria del siglo XII y de clara influencia lombarda. Posteriores
remodelaciones la han dotado de un peculiar coro adornado con figuras
de animales fantásticos vistosamente pintados según el estilo mudéjar.
Desde el año 1944, el monumento está declarado como Bien de Interés Cultural.
Retornando a la carretera comarcal
que nos había llevado a La Puebla, pondremos rumbo al embalse de El Grado.
Esta pequeña y hermosa población ha visto incrementada la afluencia de
visitantes, interesados en la colosal obra del fundador del Opus Dei,
el Santuario de Torreciudad, edificación acabada en 1975. El estilo del
edificio significa un enfrentamiento directo con el legado románico o
musulmán que hasta ahora hemos admirado; pero su grandiosidad faraónica
y su enclavamiento en un punto de singular belleza,
hacen recomendable la visita. Además, la contemplación de las cercanas
aguas del pantano, enmarcadas en las montañas del Prepirineo, son un bálsamo
de tranquilidad inigualable. Junto a la antigua ermita, y en un plano
inferior, la vieja torre vigía del siglo Xl parece preservar al Santuario
de inciertos peligros. Si el visitante quiere contemplar el acierto de
la ubicación del Santuario y la belleza del embalse, debería ascender
hasta lo alto de la carretera por la que hemos llegado; ahora más estrecha
y sinuosa.
Si, por el contrario, queremos acercarnos
a las poblaciones que nos esperan más al norte, deberemos bordear el embalse
hasta Mipanas, preciosa villa recostada sobre las aguas, para continuar
hasta Abizanda. Allí podremos admirar la imponente torre románica del
siglo Xl.
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