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La habilidad y la constancia, son cualidades muy útiles para restaurar; sin olvidar que una buena documentación facilita la labor, ya que en esta práctica, se debe ser respetuoso con el estilo de la pieza que se trabaja. Como es lógico, la restauración exige un método de trabajo, es decir, de unas reglas que deben de estar presentes en el buen hacer, para así poder obtener los resultados apetecidos. |



El trabajo de taller, con las muñecas, ofrece la oportunidad de dirigirlo hacia dos opciones: la Confección de muñecas, y la Restauración de las mismas.
Por lo que respecta a la Confección, necesitaremos de ciertas herramientas y recursos; la herramienta más precisa, es el horno de cocción para elaborar la porcelana dentro de los moldes correspondientes. Con este procedimiento, lograremos fabricar muñecas originales (según nuestros propios gustos) y también auténticas réplicas. La imagen adjunta, muestra una muñeca restaurada, de grandes proporciones, sentada en una trona que también fué recuperada. A la muñeca se le ha vestido con unas auténticas "ropas de bautizar" a los bebés casi recién nacidos (faldón y gorro genuinos) de mediados del siglo XX.
El
otro procedimiento de trabajo restaurador de muñecas, requiere como
medida previa, la obtención de un ejemplar (no necesariamente antiguo, puesto
que puede tratarse de pieza contemporánea) que precise una reparación; y
además, de una documentación lo más completa posible con la que logremos
la rehabilitación más exacta que se pueda. Las muñecas antiguas, habitualmente
procedentes de talleres de prestigio, tienen troquelado en la parte de la
nuca, a modo de una referencia, de unos dígitos o logotipo, que garantizan
su origen. Resulta de gran utilidad descifrar esos caracteres o gráficos,
a fin de localizar la información de ese ejemplar, y como siempre en restauración,
proceder a la reparación más fiel al original. Existen libros (algo difíciles
de encontrar en según que provincias y que habitualmente son caros) muy
ilustrados, que resuelven a la perfección las dudas que surjan en el momento
de catalogar el material. Su consulta pués, es imprescindible para hacer
un trabajo serio. La imagen que acompaña a este texto, es la de la prestigiosa
Mariquita Pérez, muñeca muy conocida en los años 48 - 50, con un
cierto valor sentimental y económico. Hoy se considera pieza indispensable
de todo coleccionismo que se precie.
Una
vez nos hayamos iniciado en este sorprendente mundo de la restauración de
muñecas, tendremos la oportunidad de asombrarnos con la cantidad y variedad
de piezas que existen. Se clasifican no solo por su aspecto, tamaño, mecanismos,
fábrica, etc., ... sino también por algo que resulta más definitivo: el
material de construcción. Sin duda, el más noble es la porcelana; muy delicada
en su manipulación. Este material, es además, el que proporciona más ocasiones
de restaurar, precisamente debido a su fragilidad. Al lado, un fragmento
de una vitrina conteniendo una variedad de muñecas, con distintos aspectos
y materiales.
La
parte más delicada de trabajar, es la cabeza. Aquí radica la personalidad
de nuestra muñeca. El fabricante sabe que la sensibilidad de la muñeca está
concentrada aquí y procura darle la expresión que a él le interesa. Ojos,
cara, boca, pelo ... , todo eso debidamente armonizado, es lo que va a distinguir
a una muñeca de otra; no precisamente su tamaño, vestimenta o mecanismos
especiales que realmente son secundarios. Donde encontraremos el verdadero
"sello" de nuestra muñeca, será en el rostro.
Mucha
menos importancia respecto de la cabeza (como hemos visto ya) tienen las
restantes partes del cuerpo de una muñeca. Aquí, hay para todos los gustos.
Cuerpos únicamente de trapo, de madera y de materiales muy diversos. Extremidades
articuladas por diferentes mecanismos que, les permiten andar, gesticular,
... y en estos últimos años, hacer cualquier cosa. La imaginación, no tiene
límites. El mundo de las niñas, está pletórico de muñecas capaces de hacer
de todo. Pero, el encanto de las antiguas, es difícil de superar por mucha
técnica que venga. Lo realmente artístico (sin quitar méritos a nadie),
radica en el trabajo manual de aquellos años, en los que el fabricante era
capaz de transmitir algo de sí mismo junto con el trabajo que ofrecía.
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Muchas
y distintas son las actividades de un Taller de Manualidades; tantas, como objetos
de decoración y de uso doméstico (después de una más o menos laboriosa labor
de restauración) puedan tener cabida en una vivienda, sin olvidar la cantidad
de utensilios antiguos que ya no tienen uso actualmente, pero que pueden servir
de decoración en casas de campo, bodegas, buhardillas, etc., ... .
En otras ocasiones, se tratará de replicar estilos, y previa documentación gráfica (cosa altamente recomendable para mantener la pureza y no caer en la chabacanería), se emprenderá la labor de creación artesanal de cualquier pieza. El ejemplo gráfico que nos acompaña, es el cabecero de una cama de diseño propio, lacada y policromada al óleo, que pretende ajustarse a los estilos predominantes del siglo XVI. La componen: tablero, medallón, copete, guirnaldas y un ribete dorado a mano. Todo ello, fué confeccionado manualmente de un modo riguroso.
Otras
veces, no son piezas de uso diario lo que nos ocupa, sino objetos méramente
de decoración, pero que igualmente exigen una dedicación y esfuerzo notables.
En el caso de los iconos, es la meticulosidad y el detalle, quienes requieren
la mayor atención por parte de su creador. Es necesario, de todo punto, conocer
las técnicas de colores y otras habilidades (saber dibujar, por ejemplo) para
obtener un resultado aceptable. La fotografía que ilustra, es la ampliación
de un detalle de un icono de pequeño tamaño (15 x 20 cm.), cuyo modelo fué tomado
de una revista especializada en arte e iconografía. El proceso de su elaboración
necesitó de un estucado previo de la tabla, para a continuación aplicarle una
base de rojo inglés. Posteriormente, el trabajo se llevó a cabo mediante técnicas
de dorado al agua y policromado al óleo.
Pero no siempre el trabajo es crear elementos nuevos o restaurar
los viejos.
Una
obra reciente, puede adquirir ese aspecto tan noble, señorial y austero, que
hasta condicione un influjo reverencial. Se trata de las técnicas de envejecimiento.
Con estos procedimientos, se consigue lo ya dicho: que los elementos de decoración
y los muebles de confección actual, tenga el aspecto de los del pasado. Quizá,
donde más se pueda imprimir esa condición, sea en los cuadros. Su contemplación
después del envejecimiento, logra generalmente que el espectador tenga la sensación
de hallarse ante una obra muy lejana en el tiempo. La técnica es sencilla, y
está al alcance de cualquiera. Si acaso, el toque personal (como siempre) será
el que decida el resultado final. Aquí, es más prudente no pasarse, pues luego
difícilmente habría remedio.
Algunas
de las actividades de un taller de manualidades, no tienen que ver nada con
las labores de restauración. Ni son muebles, ni son antiguos, ni son utensilios,
pero si que son de nueva creación. Un ejemplo, es la labor de punto. Más concretamente
el conocido como "petit point". Técnica muy antigua como todas
las labores de punto, pero que gracias a los patrones más contemporáneos, permiten
actualizar el trabajo, aproximándolo a nuestras generaciones, menos adiestradas
en estos menesteres. A pesar de la modernización del método de trabajo, no por
ello se ve mermada la vistosidad del resultado final. Existen patrones de todos
los colores y gustos, los materiales no son excesivamente caros, no hace falta
taller para nada, pues se puede trabajar cómodamente en el sillón del cuarto
de estar, ... y el final, resulta gratificante. Hay quien incluso, a esta actividad,
le atribuye propiedades terapéuticas, tales como ser relajante del sistema nervioso.
¿Qué le parece? ...... ¿Se puede dar más ?.